FIBROMIALGIA

La fibromialgia es una condición caracterizada por la propagación de dolor en las articulaciones. También, en los músculos, los tendones y otros tejidos blandos. Algunos de los síntomas asociados a ella son: fatiga, rigidez en las mañanas, exceso de tensión muscular. Además, problemas de sueño, dolores de cabeza, entumecimiento de manos y pies. Asimismo depresión y ansiedad, pensamientos negativos y problemas de memoria. Igualmente, disminución de la capacidad para realizar las actividades habituales, problemas en las relaciones afectivas y  sexuales, etc.

 

La fibromialgia puede desencadenarse por sí sola o aparecer como secundaria a otras condiciones músculoesqueléticas. La característica de la enfermedad es el dolor duradero extendido en el cuerpo con puntos sensibles definidos. En algunos casos, el dolor es mayor durante la noche y por el día no lo es tanto sin embargo, algunas personas sufren de dolor continuo. El dolor puede aumentar con la actividad, los cambios de clima, los problemas emocionales, la ansiedad y el estrés.

 

CAUSAS

Todavía no se conoce el origen de este síndrome, sin embargo parece que los genes podrían tener un papel relevante y hacer que algunas personas tengan una mayor predisposición a padecer esta enfermedad.

Aunque no se sepan los motivos exactos, sí que hay una serie de factores que pueden actuar como desencadenantes, como un accidente o un problema grave. En general aquellas situaciones que nos generan mucho estrés.

DIAGNÓSTICO

El diagnóstico se realiza mediante una exploración física, el médico identifica dolor a la presión en unos puntos determinados del cuerpo. Cuando los puntos dolorosos son más de 11 de los 18 señalados en una persona con dolor generalizado, se puede hacer el diagnóstico de fibromialgia.

 

TRATAMIENTO

  1. TERAPIA DE MASAJE

La terapia de masaje, como uno de los tratamientos complementarios y alternativos, ha sido ampliamente utilizada para la FM. Puede mejorar el dolor, la ansiedad, la depresión y la alteración del sueño mediante la interacción compleja de los modos de acción tanto físicos como mentales.

En efectos inmediatos, los estudios sugirieron que la terapia de masaje con duración de 5 semanas mejoró significativamente el dolor, la ansiedad y la depresión en pacientes con fibromialgia. En cambio, no hubo pruebas de que la terapia de masaje mostrara efectos en la mejora de los síntomas asociados con el sueño.

Si la fibromialgia se beneficiaba de la terapia de masaje, podría haber una posible razón derivada de la interacción entre los patrones físicos y psicológicos. Cuando la terapia de masaje se administra en tejidos blandos y conectivos, se estimulan los cambios bioquímicos locales. Esto ayuda a mejorar la flexibilidad muscular y modular la circulación local de sangre y linfáticos. Como resultado, los mediadores nociceptivos e inflamatorios locales pueden ser reabsorbidos. Algunos estudios encontraron que la terapia de masaje mejoró el dolor al modular los niveles de serotonina en pacientes con fibromialgia. Los efectos locales pueden cambiar la actividad neural a nivel segmentario de la médula espinal, que es responsable tanto del estado de ánimo como de la percepción del dolor. Algunos estudios sostuvieron que la terapia de masaje resultó en la reducción de la estimulación muscular, la hiperexcitabilidad espinal está asociada con una variedad de síndromes de dolor crónico.

  1. TERAPIA DE EJERCICIOS

El entrenamiento de fuerza, cardiovascular y estiramientos tuvieron efectos positivos en los síntomas físicos y psicológicos, en términos de reducir el dolor, la cantidad de puntos sensibles y la depresión, y mejorar la fuerza muscular, la calidad del sueño, la capacidad funcional y la calidad de vida.

Los protocolos de ejercicio deben comenzar a baja intensidad y aumentarla gradualmente. Los ejercicios deben realizarse 2 ó 3 veces a la semana para ejercitar los principales grupos musculares. Los estudios actuales demostraron que es un método seguro y eficaz para mejorar los síntomas principales de la fibromialgia y se puede usar para tratar a pacientes con esta afección.

 

¿De qué te está avisando tu cuerpo según la biodescodificación?

Este síntoma, la Fibromialgia pareciera hoy ser “mal de muchos”.
Fácil es hablar de ella, porque como es un “dolor que no se ve” y tan sólo es un Síntoma que “se siente”, únicamente las personas afectadas, serán capaces de expresar la enorme molestia que implica.

Así que ya desde ahora, para comenzar, tomemos ese punto de “invisibilidad” como una característica del padecimiento: “Nadie me cree”. Esa idea es un ingrediente que “suma” al conflicto emocional.
– “Nadie me cree que me siento mal”
– “Nadie me cree que me duele muchísimo”
– “Nadie me cree que estoy enferma”, etc.
Para llegar al simbolismo real que iría más por la idea de: no soy importante, nadie me cree nada y no me siento capaz de defenderme o de comprobar lo que digo, va más por ahí.

Así que el elemento “nadie me cree” es tan sólo uno de los ingredientes que “aderezan” la fibromialgia.

Ahora vayamos al origen del conflicto.
De la noche a la mañana yo siento estos dolores que me derrumban y de plano, ya no sé qué hacer y ni los médicos saben a ciencia cierta cómo fue que surgió éste síntoma.
Pues bien, todos sabemos ya que cuando vivimos un hecho impactante emocionalmente, entramos en una Fase llamada Fase Activa del conflicto emocional. Quiere decir que estoy viviendo el conflicto, estoy sufriendo por el conflicto, estoy padeciendo el conflicto emocional y no le veo solución.
Pienso en ese gran problema todo el tiempo, todo el día, no duermo por estar dándole vueltas y vueltas a lo vivido, a lo que vi, a lo que escuché a lo que me dijeron a lo que yo dije, a lo que yo debí decir, a lo que yo debí hacer, y es un cuento de nunca acabar.
Con el paso de las horas, los días, los meses quizá, poco a poco el conflicto vivido se va diluyendo, voy encontrando salidas al problema, voy olvidando lo que me pasó, voy encontrando soluciones y digamos que podríamos considerar que estoy lista o listo para que mi cerebro entre en Fase de Resolución, es decir, comience a reparar la zona del tejido cerebral que fue dañada con el conflicto emocional activo.

Hasta aquí, todo suena muy bonito, muy romántico, pero ya sabemos por experiencia y porque lo hemos aprendido que es justo cuando entramos en Fase de Reparación del Conflicto Emocional, que los síntomas aparecen (Dolores, Molestias, Inflamación, etc).
Es aquí entonces que cuando ya he resuelto el conflicto emocional vivido, entro en Fase de Reparación física, de reparación del tejido cerebral u órgano dañado y por lo tanto, es aquí donde comienzan mis dolores, mis fuertes dolores, porque comienza la inflamación, comienzan los dolores y para acabarla de amolar, la Fase de Reparación del Conflicto Emocional, también tiene su Fase Crítica, su parte más “intensa” por decirlo de manera coloquial.
Esto se conoce como “Crisis Epileptoide”.

Vamos a revisar ahora, las vivencias, emociones, conflictos emocionales que pueden detonar una Fibromialgia.

Es común pensar que la fibromialgia es un conflicto de Desvalorización, y sí lo es en parte, pero la desvalorización en sí misma no es la causa principal, la desvalorización no es “el todo”.
El conflicto emocional principal, primordial que se ha vivido, es algo conocido como el “síndrome de la tortuga”.
Esto quiere decir, que vivido un impacto emocional, un hecho familiar o social, un conflicto tal vez de pareja, en el que por alguna razón he sentido la emoción de “tengo que esconderme”.
He sentido un peligro inminente y como las tortugas, he sentido la necesidad de ocultarme en mi caparazón, ocultar la cabeza, ocultar el cuerpo dentro de mi “caparazón protector”.

Hasta aquí podríamos decir que sí, que efectivamente se trata de un impacto emocional en el que me siento desvalorizada, pero la situación conflictual añade que estoy frente a una persona, o frente a un grupo de personas, frente a una situación, en la que yo siento algo parecido a un “trágame tierra”, “que no me vea”, “que no me reconozca”, “que no se acuerde de mí”, “que no se acuerden de lo que pasó”, “que no recuerde lo que me hizo”.
La desvalorización en sí misma no es la causa de la fibromialgia, sino las ganas de ocultarme ante la “amenaza”, ante el “depredador”. Y como querer esconderme, encogerme, hace alusión precisa a los músculos, a mi flexibilidad, a mi capacidad de movimiento y los músculos y daños musculares a su vez implican desvalorización, entonces yo fácilmente relaciono mi fibromialgia con una desvalorización.

Las fibromialgias casi siempre provienen del seno familiar.
Una pareja agresiva, un padre violento, un tío o un primo abusador, un hijo violento (y no deben ser agresiones físicas siempre, pueden ser actitudes, palabras, miradas), eso ya dependerá de mi carácter, de mi manera de reaccionar, de mi manera de ser.
Es una emoción de ser una persona desvalorizada por alguien frente a quien yo me siento impotente y por ello, quisiera esconderme para que no me ataque, para que no me vea, quiero meterme en mi caparazón y no ver, no sufrir, no escuchar, no ver, quiero ocultarme, desaparecer.

También puede ocasionarme mi fibromialgia un jefe en el trabajo, un vecino, un compañero y tal vez para detectar la persona que me detonó mi fibromialgia la pregunta que yo debo hacerme es: “de quién o de quienes yo me quiero esconder”. Sumado claro a “yo me siento incapaz de defenderme”, “de confrontar”, “no cuento con el valor para ello”.

Usualmente cuando comienza por primera vez una fibromialgia, los dolores y las molestias, hay que retroceder en el tiempo de 6 a 8 meses y analizar todo lo que se ha vivido, porque en ello estará la razón del conflicto biológico de querer esconderse, y esto a su vez nos permitirá identificar las situaciones o las personas que nos hacen “sentirnos amenazados”, para vivirlo con conciencia y sanar rápidamente sin temor a volver a caer.

Hay que tratar de identificar también cada uno de los síntomas que vivimos en esa primera fase de reparación, si hay dolores musculares, en qué zonas del cuerpo son esos dolores específicamente, si hay sonidos o zumbidos en los oídos o en qué oído específicamente, si hay pérdida de la memoria, si hay dolor en la columna vertebral y a qué altura, si hay bruxismo, si se presenta alguna alergia, si hay ansiedad, si hay alguna molestia en garganta, si me siento fatigada, es decir, buscaremos el síntoma físico que acompaña nuestra fibromialgia.

Fibromialgia más dolor en el cuello
Fibromialgia más diarrea
Fibromialgia más muchísimo sueño
Etc.

Y esas serán pistas de aquello de lo que nos estamos escondiendo, de lo que queremos protegernos y de lo cual no estamos conscientes.

Y desviémonos aquí unos minutos, para que conozcamos un poco más a fondo esta fase Intensa de la reparación.
Quiero imaginar un ejemplo metafórico que pueda explicar de manera más sencilla esto y para esto, desglosaremos punto por punto lo que ocurre en ti, en tu mamá, en tu tía o en quien sea que diga: “yo tengo fibromialgia”.

1.- Es una persona común y corriente que vive un día cualquiera un conflicto emocional.
2.- La persona entra en Simpaticotonía (Fase activa del conflicto emocional), lo que quiere decir que pone todos sus pensamientos, sentimientos y energía en darle miles de vueltas al asunto vivido, porque no sabe cómo soltarlo, olvidarlo, solucionarlo, superarlo.
3.- Por fin encuentra cómo hacer todo lo anterior para poder continuar con su vida normalmente.
4.- El cerebro comprende que el hecho vivido ha sido superado y ordena la entrada a la Fase de Resolución, de Reparación, para reparar el tejido cerebral dañado.
5.- Comienzan los síntomas (el dolor intenso que nos hace correr a visitar al médico quien nos diagnostica Fibromialgia).
6.- Luego de que hemos entrado en Fase de Reparación, inmediatamente después pero aún como parte de ella, entramos en lo que se conoce como “Crisis Epileptoide”. Es la parte más alta de la montaña, la parte más intensa de las molestias, la parte más intensa de la reparación.

Es aquí cuando el cerebro “activa” un estado parcial de pensamientos obsesivos, preocupación, angustia, no saber qué hacer, dudas, molestias, tal cual y las teníamos mientras vivíamos el problema emocional.

Y como son “picos” de recuperación, podríamos decir que son “períodos caóticos” con síntomas y molestias.
Una crisis Epileptoide puede agregar a nuestros dolores, síntomas como manos frías, sudores fríos, escalofríos, náuseas.
Mientras que en el cerebro, el área que había sido afectada con el conflicto emocional es rodeada por tejido inflamado y por una más grande cantidad de agua que llevará nutrientes a dicha zona para su recuperación (edema). En el apogeo de la fase de reparación, la hinchazón del edema cerebral alcanza su máximo y tan sólo es necesaria una liberación de tanto estrés caótico para que dicho excedente de líquido sea liberado.
Aquí ya podríamos estar hablando de una parte de la Crisis Epileptoide en donde, como hay que deshacernos de los líquidos excedentes, podemos tener ganas de orinar más seguido y hacerlo en abundancia.

Y mucho cuidado aquí, porque no todas las crisis epileptoides son “suavecitas”, hay crisis epileptoides importantes y a las que habremos de prestar mucha atención.
Los siguientes síntomas pueden ser considerados como “posibles” cuando de Crisis Epileptoides se trata y no se refieren a las fibromialgias, sino a conflictos emocionales de otra índole:

– Ataques al Corazón, Embolia Pulmonar, Derrame Cerebral, Ataques Epilépticos, Úlceras Hemorrágicas, Crisis de Asma, Crisis de Neumonía, Coma Hepático, Hemorroides Hemorrágicas, Vómitos, Diarrea, Migrañas, Cólicos, etc.
Y siempre dependerá del conflicto emocional vivido o sufrido, de los órganos involucrados en el conflicto y de los tejidos cerebrales dañados la intensidad de la crisis.

Una vez, que dentro de la Fase de Reparación hemos sobrepasado ya la crisis epileptoide listo, ahora continuamos en Fase de reparación, pero mucho más “leve”, más tranquila. En donde el tejido cerebral comienza su cicatrización, mejoran los órganos o tejidos afectados, etc. Y si nos hemos regalado el tiempo para descansar, dormir, relajarnos, podremos entonces disfrutar de la Fase de Vagotonía para recuperarnos totalmente.

Hasta aquí podríamos pensar que el “cerebro” está loco. ¿Por qué me hace sentirme tan mal, casi como si ya fuera a morirme previo a sanarme? Y la respuesta es demasiado simple.
Cuando una persona no se siente “del todo mal”, intenta hacer su vida normal, con los esfuerzos normales, comiendo mal como siempre, no durmiendo bien como siempre, etc.
El cerebro entonces dice; ¿Cómo hago para detener este cuerpo del todo y poder sanarlo?
“Ahhhh, pues con un dolor intenso, con un infarto, con un sangrado, con algo que me lo deje quietecito para poder trabajar”

Es por eso que pareciera que algunas enfermedades son “gravísimas”, “de muerte”, cuando en realidad lo que el cerebro quiere es que permanezcamos recostados, tranquilos, durmiendo, para que él pueda hacer su trabajo.

Ahora volviendo a la fibromialgia.
Si yo ya comencé con mis dolores (la fibromialgia), si de pronto dejo de padecerlos, ¿por qué vuelve a dolerme horas, días, semanas o meses después? ¿Por qué no se resuelve y punto?
Y la respuesta a esto, es que la fibromialgia es un síntoma que sólo pareciera “dormirse” mientras yo no estoy en contacto con algún elemento presente en el conflicto inicial. Quedan algo llamado “raíles” (carriles, vías, etc).

Sin estar conscientes del hecho vivido, de los elementos presentes en el conflicto vivido, volvemos a enfrentarnos a él y nos volvemos a enganchar, volvemos a esa emoción de querer escondernos, de sentirnos desvalorizados, y la historia vuelve a empezar.

Me vuelvo a preocupar por lo mismo, me vuelvo a angustiar tal y como aquella primera vez, vuelvo a darle vueltas y vueltas en mi mente, y como diríamos vulgarmente “vuelvo a tropezar con la misma piedra”.

Y a veces pensamos que tuvimos que haber vivido un hecho altamente traumático y en una gran mayoría de las ocasiones, no lo es tanto, es por ello que es responsabilidad de la persona con Fibromialgia, el localizar el hecho vivido. Buscar el elemento “clave” que me detona la fibromialgia.

Vamos a los ejemplos que nos ponen esto más comprensible:

Imaginemos que yo soy una chica adolescente, imaginemos que nuestra mamá nos ha enviado a la tienda de la esquina a comprar una lata de atún. Imaginemos que el hijo del dueño de la tienda de la esquina, estaba con sus amigos afuera de la tienda y que cuando yo voy pasando frente a él, me levantó la falda al pasar.
Él y sus amigos, se rieron de mí, dos señoras que iban caminando en la otra banqueta vieron toda la escena y se secretearon al oído, no pude defenderme y me sentí agredida, incapaz de defenderme, incapaz de confrontar a ese chico, sentí algo parecido a “trágame tierra”.
Obviamente ya en el plano consciente, yo decido nunca más volver a esa tienda. A partir de ese día yo siempre siempre camino hacia el otro lado de la calle y cuando crezco dejo de vivir en dicha casa y en dicha calle.
Pasa el tiempo y yo me caso, tengo a mis hijos, pero hoy es cumpleaños de mi mamá, que sí se quedó viviendo en esa casa. Yo ya no recuerdo o ya no estoy tan consciente de aquella vivencia con el hijo del dueño de la tienda que ahora fácilmente andará en sus 40 años.
Llego con mi familia a casa de mi madre, vamos a comer con ella para festejarla y de pronto alguien de la familia dice que hace falta en la mesa un poco de sal pero que ya no hay, que hay que ir a comprarla a la tienda de la esquina.
Yo me ofrezco para ir por ella y cuando voy entrando a la tienda, veo al hijo del dueño de espaldas a mí, acomodando unos paquetes en las repisas.
Ese es el impacto detonante de mi fibromialgia, que ya fue programada en mí en mi adolescencia.
Ahora nuevamente estoy en presencia del agresor, porque quisiera meterme en mi caparazón, porque me siento incapaz de defenderme, porque me siento poco valiente o fuerte para confrontarlo, etc. A mi mente vuelven aquellas carcajadas que él y sus amigos soltaron al levantarme la falda y los cuchicheos de las dos señoras que pasaban.
A partir de ese momento, yo comienzo con fibromialgia, acompañada a lo mejor en éste caso, con zumbidos en los oídos. (No quiero oír esas risas), pero claro, yo no estoy consciente de todo esto.
Pasa ese día, yo vuelvo a mi vida “normal”, pero ahora no sólo me siento desvalorizada por no haber confrontado aquella situación, ahora yo sufro de dolores y fibromialgia casi todas las semanas a pesar de que yo antes vivía con mi esposo y con mis hijos tranquila y tal vez yo no me he dado cuenta de que cada vez que oigo risas y carcajadas (en mi casa, en la calle, en la televisión, el una película, etc) mi cabeza “vuelve” a sentir la necesidad de “ocultarme” y yo comienzo con mis molestias.

Así funciona la fibromialgia. Sí hay desvalorización sí. Pero primordialmente hay un hecho principal que da origen a una necesidad de esconderse. Y luego caemos en alguna constante que fue parte de ese hecho, en este ejemplo, las risas. Que pasa de la noche a la mañana a ser la causa de mi fibromialgia.

Y lo mismo ocurre cuando un primo o un tío abusó de mí en mi infancia y ahora lo veo cada navidad en donde la familia se reúne y yo quisiera esconderme. Pero ah! No estaba yo consciente de que mi hijo es doble de ese abusador, y ahora mi fibromialgia ocurre cada vez que yo discuto en casa con mi hijo.

O tal vez yo sufrí una agresión o humillación por parte de mi padre cuando era niña. Yo crezco y mejoro conscientemente la relación con mi padre. Pero ahora, cada vez que mi esposo me pide que yo maneje, que yo vaya a reclamar algo al banco, comienza la fibromialgia, y tal vez yo no estaba consciente de que mi esposo es doble de mi padre que me humilló aquella vez y que me hizo sentir ganas de ocultarme.

Por lo tanto y como punto principal, una buena autoestima es algo en lo que deberemos trabajar primeramente, porque si yo me siento fuerte para confrontar cualquier situación, si lo que menos siento son unas ganas de “esconderme en mi caparazón”, si yo confío en mí, en mi fuerza y en mi flexibilidad. Yo jamás viviré una fibromialgia, un dolor en las fibras familiares, una desvalorización en donde nadie me cree porque hasta yo dudo de mí.

Si has encontrado ya la causa, lo ocurrido en tu vida que te hizo pensar por primera vez “trágame tierra”, has una carta de duelo liberándote de esa historia, liberándote de miedo a confrontar, liberándote de tu desvalorización, para que a partir de hoy tomes el control de tu vida y dejes de sufrir dolores innecesarios.

By | 2020-09-30T10:15:41+00:00 septiembre 30th, 2020|BLOG, Style|0 Comments

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